domingo, 17 de julio de 2011
Mate
viernes, 1 de julio de 2011
El silencio de la cocina
“Si los platos hablaran” pensaba Marta entre suspiros mientras lavaba la vajilla de la cena con un cariño poco habitual en ella. “Si los platos hablaran y pudiesen decir lo que solo ellos y yo sabemos” se decía mientras iba secando todo. “Pero no. Los platos no hablan y yo no puedo abrir la boca sobre todo esto que sé porque entonces ¡Madre mía! se armaría una grande y quien sabe en donde terminaría todo.”
Al menos ella, Marta, no sabía a donde iría a parar todo. Por eso no decía nada. Por eso lavaba los platos en silencio y pasaba la esponja sobre ellos como acariciándolos; porque con ellos compartía el secreto, ellos también sabían eso que ella sabía y le daba miedo saber. Eso que le hubiera gustado decir pero no se animaba porque quien sabe qué pasaría. Dios sabe; pero ella no, ella no sabía. Por eso soñaba con que los platos hablasen; que hablasen y dijesen todo lo que solo ellos y Marta sabían, pero Marta no podía decir porque quien sabe qué pasaría.
Alguien entró a la cocina y Marta se asustó. Se dio vuelta y vio a la señora. Hizo un pequeño gesto de respeto con la cabeza y siguió guardando la vajilla.
¿Y si le decía? ¿Si le contaba todo? Sí, tenía que hacerlo, era lo mejor.
“Señora, creo que es mi deber por el respeto que le tengo y que usted se merece decirle que, ¿vio la señora Laura? ¿La que a veces se viene para lo del proyecto del señor? Bueno señora, resulta que el otro día estaba limpiando los cuartos de arriba, ya entrada la noche porque me había retrasado preparando el salón para la reunión esa que usted organizó con esos señores muy bondadosos que usan el bigote muy cómico, perdone señora, pero me da un poco de risa, usted me conoce, y bueno, resulta que se me había hecho tarde y ya había anochecido cuando estaba limpiando el cuarto de estar que está junto al dormitorio; y yo no sabía que la señora Laura estaba en la casa, pero resulta que si, porque escuché unos ruidos y para asegurarme de que todo estuviera bien me asomé por la rendija y vi al señor...”
-Hasta mañana Marta –la voz interrumpió las cavilaciones y volvió a traerla a la cocina, a los platos que sostenía entre sus manos.
-Hasta mañana señora
Si los platos hablaran. Si pudiesen contar todo eso que Marta vio por la rendija de la puerta, los platos tirados en la alfombra y el señor. Pero los platos no hablan y ella no puede hablar porque no sabe lo que pasaría.
Marta sostenía los platos con fuerza. ¿Porque no hablan? Sus manos temblaban y sentía que ya no soportaba el secreto. Los platos se les resbalaron de sus manos sudorosas, cayeron al piso y se rompieron.
-¡Marta! –gritó el señor, enojado, desde el estudio
-Perdón, señor, perdone –dijo Marta mientras sentía una lágrima que resbalaba por su mejilla y juntaba los pedazos de los platos destruidos, los platos muertos que nunca iban a poder hablar, los platos mutilados, silenciados para siempre en docenas de pedazos- esta todo bien señor, esta todo bien.