Cuentos cortos en español.

martes, 22 de noviembre de 2011

Tereré blue

Blue

-Dicen que la magia no existe; dicen los que no se animan a vivirla-.
Así lo imagino, retándome, al hombre de la "erre" parisina, al padre de Rocamadour ("Grocamadugr"), al escritor. Para este creador de mundos, la magia (la de verdad) puede empezar en una línea perfectamente recta, trazada en un accidente cósmico por una serie de recortes que fueron pegados en distintos momentos de forma arbitraria. Lo que algunos llaman "accidente" y lo que la mayoría no ve: eso es para él el realismo mágico. Puede ser eso: una línea accidental de recortes que empieza en un corcho de oficina y continúa. ¿Hasta dónde? Hasta donde alcanza la imaginación del que se encuentra con esta casualidad que debería ser- en un mundo donde mandase la cordura- irrelevante.

Blue

(escrito por Luli Matheu a partir del dibujo homónimo http://deloquecontamos.blogspot.com/2011/10/blue.html)


Trata de ocultarse a sí mismo su propio rostro, que es suyo porque lo lleva siempre y no puede dejarlo, pero que nunca vio en verdad. No lo eligió y ni siquiera sabe si le agrada, y pareciera que a nadie le importa. Quiere dejar de verse en los reflejos, que las ventanas no le devuelvan esos ojos oscuros que lo escrutan con recelo y no lo dejan en paz. Y que no exista más el espejo, no quiere pensarse más-no así, no con ese rostro. Últimamente termina siempre sintiéndolo, le devuelve una imagen que ya conoce y sin embargo no deja de cautivarlo, quizá porque cada vez tiene la esperanza de encontrar algo, aunque sea diminuto de verdad. Un pedacito en el fondo, en el piso de los ojos, bien atrás, oculto, imperceptible. El yo.
Se siente desnudo, y es que lo está, no porque no lleve ropa, sino porque no le queda nada. El propio rostro que lo mira desde fuera le quita todo. Y trata torpemente de ocultarse detrás de la mano, como si esos ojos no lo conocieran, no supieran ya a la perfección qué es lo que queda oculto a medias bajo los dedos largos. En el reflejo se ve una lágrima que cae y son dos-en el momento justo en que decide levantar la frente y ver.

viernes, 11 de noviembre de 2011

Melodía tibia

(se recomienda leer escuchando la música del siguiente video: http://www.youtube.com/watch?v=6u-HqM-6QRs)

El viento lo cala hasta sus huesos como si ya no tuviera ropa. Cuando la brisa aumenta su fuerza siente que miles de astillas de vidrio se le clavan adentro, por debajo de la piel. Ya ni siquiera se siente desnudo. Se siente vacio. Abierto todo su cuerpo a las inclemencias de ese tiempo frío y doloroso.
Deja de caminar; tampoco eso logra calentar su cuerpo. Trata de refugiarse en la entrada de un edificio. Desde la esquina llega una música de fiesta y griterío; pero todo es tan lejano, tan inentendible.
Se acomoda en un rincón, se abraza, se hace pequeño y cierra los ojos sin sueño, pero deseando dormir para que pase esa noche, para que se haga de día y el sol traiga un poco de calor. Se tararea una nana, una canción que le cantaban de chico. Se acuerda algo; trata de volver a esa calma, a esa pradera correntina y las corridas, ayudarlo a papá en las construcciones, las noches bajo las estrellas y las manos cálidas de su mamá abrazándolo. Siente ese calor, esos brazos estrechándolo y murmurándole la nana al oído.
Piensa en ese niño correntino que fue, en esos juegos, en esas risas que aún hoy le dan un calorcito suave, un golpecito de añoranza dulce para entibiar el alma.
Abre los ojos pero está Buenos Aires. Las luces siempre prendidas que esconden las estrellas, el ruido que siempre llega de alguna parte, esa sensación de que en todos lados está mal, de que sobra. Cierra nuevamente los ojos pero sabe que la ciudad está allí. Lo sabe por el frío que penetra hasta sus huesos. Y ya no puede evitar pensar en eso. Lo siente demasiado intensamente. Frío. Frío que lo obliga a acurrucarse. Frío que le quema la nariz y las orejas. Frío que lo hace chillar por dentro, pero hacia afuera nada. Hacia afuera solo es un alguien acurrucado en un rincón. Hacia afuera es solo un cuerpo. Un cuerpo que sabe que no falta mucho rato para que lo descubran y lo echen; y entonces tendrá que ser nuevamente un cuerpo deambulando pesadamente por las calles en busca de calor, en busca de un rinconcito para encogerse, volver a cerrar los ojos y soñar con una correntina que le canta dulcemente una nana a su hijo.