Cuentos cortos en español.

jueves, 23 de diciembre de 2010

Vitamina C

A mi lo que me rompe las pelotas es cuando ya ni se gastan en mentirte y te gritan a la cara “te estamos estafando” con ritmo de canción infantil. Mientras tanto el gil de atrás le da y le da al silbato como si su fiesta fuera exprimirte hasta dejarte exterminado como hoja de otoño que cayó sobre la 9 de Julio y la pisaron mil autos y treinta y dos personas. Eso me pone de la nuca.
Todos sabemos en el fondo que estamos determinados por la puta comida y un colchón de buen dormir; que el frío y el calor nos matan y que necesitamos que por lo menos alguien asienta con la cabeza y murmure algo cuando le estás contando el porque de tu vida. Pero ahora que venga el pelotudo que hace malabares con hamburguesas y salmones a reírse en tu cara… eso me rompe las pelotas. Por lo menos disimulemos todo eso. Háganme creer que no nos olvidamos eso de “Igualdad”. Ni siquiera te pido lo de “Fraternidad” porque entiendo que cuando te educaron con lo único con lo que fraternizaste es con la cara de Roca impresa en mil billetes. ¡Y como te excitaba la cara del pibe ese! El bigotito y los ojitos soñadores. Y atrás los gloriosos forros que acabaron con las poblaciones originarias y le regalaron esas tierras a la gente que Europa escupía. ¡Si que fuimos la tierra prometida! ¡Tierra de plata, vendida hace ya doscientos años!
Vos también aprendiste que si hay un desierto habitado, ¡pues a desabitarlo! Que un desierto es desierto y hay que poblarlo.
Y claro en el fondo hasta me trato de convencer de que me estás haciendo un favor, de que soy un privilegiado porque entre todas las naranjas es mi jugo el que vas a tomar. Y a cambio me vas a dar la cara demacrada de Mitre (al pobre capaz que incluso lo banco. Es tema de convivencia).
Pero bueno la tarea de mentirme me queda a mí. Ya ni siquiera te gastás en ayudarme en eso. No. Me gritás que me estás estafando y el de Recursos Humanos (si son humanos, por favor decime que soy mono) que le da y le da al silbato atrás. Falta la secretaria que se está acomodando el vestido, pero ya nomás trae el confeti.
¿Por que me habrán dado toda la bola de la bondad y eso? Me tendrían que haber preparado para el mundo y enseñarme que acá “el que no llora no mama, y el que no afana es un gil”. Podrá parecerle mal a los padres, podrá sonar feo. Sabemos que por ahí no está la felicidad, pero esa se alcanza solo en la vida. No podés ser feliz muerto.
Son pocos los que tienen la opción de vivir felices. Algunos nos limitamos a sobrevivir. Otros están muertos en vida y tratan de sentir algo de eso que es la vida inyectándose plasmas, Ferraris y en una de esas un Jet.
No deberían existir esos productos lujosos. El hijodemilputa que los hace desde un principio sabe que esa plata que va a recibir (gracias a que doscientos guachitos en veinte países ensamblaron su producto) es plata que otro forro (que exprimió a otros guachitos en otros países) no necesita, y por supuesto no se la va a dar a algún pibe al que le cambiaría la existencia. Total a todos no los vas a salvar. ¿Para que salvar a uno? No, más vale… comprate la Ferrari que es lo mejor para el mundo. Así tiene que ser. Esa plata te la ganaste. Te lo merecés. Todos tienen la oportunidad pero muy pocos tienen tu inteligencia y tu capacidad. Además muy pocos autos pueden cargar tu panza con elegancia. Entendemos que te compres la Ferrari y vamos a encarcelar al que te la robe para llevarle pan a sus hijos. ¡Que terrible! ¡Como se le ocurre al degenerado! Condenémoslo y enseñémosle a nuestros hijos a respetar tus propiedades. A ponerse corbatas y ajustárselas bien fuerte alrededor del cuello para oprimir cualquier intento de comodidad.
Si ya sé que me estás estafando. Dame un silbatito que yo también me prendo. ¿Por seis meses el contrato? Claro no es mucho tiempo, así que te tengo que asegurar que me voy a quedar. Entiendo. No, no. Vos no me tenés que asegurar nada. Me siento honrado de ser tu naranja por seis meses y estoy seguro que te van a alcanzar para sacarme todo el jugo.
¿Dónde firmo?

martes, 14 de diciembre de 2010

El círculo de ningún lado

Poniendo cara de misterio, Fernando termina de trazar el círculo, y dibuja las extrañas formas alrededor. Algo de todo le hace acordar los mandalas que sabe que son para meditar y conectarse con el ser interior pero él rechaza esa idea. No, esa es una rueda maligna, llena de misterio y un aura tenebrosa.
Se para en el medio del círculo, abre los brazos, intenta sin éxito poner los ojos en blanco y comienza la invocación.
No conoce bien las palabras, pero cree que el diablo está esperando cualquier oportunidad para conseguir almas nuevas y él está dispuesto a entregar la suya, así que aunque falle el ritual sabe que va a conseguir lo que quiere.
Tenmutec goco Niaqui dais, Niaqui maikutec. Algunas palabras las inventa, otras le suenan conocidas. Goco Niaqui nialla. Que venga el diablo que quiero pactar. Y se estremece de miedo pero quiere y lo hace porque antes juntó todo su coraje, que no es mucho pero alcanza para esto que además es casi inevitable.
Pasan los minutos sin respuesta. Él se harta, quiere dar su alma, quiere probar cómo es darla. Llama directamente a Satán en su idioma, con la certeza de que está a unos metros suyos escuchándolo. Pero no pasa nada.
Él jamás lo va a saber, pero logró sensibilizar al mismísimo diablo. Un niño jugando al espiritismo. Lucifer sintiéndose más Lucifer que nunca, sonríe y piensa que le gustaría acariciarlo, pero no de muerte, sino riéndose de su inocencia.
Fernando se harta y baja los brazos, algo frustrado. Borra el círculo con enojo pero deja una de las formas. Le parece que tiene forma guitarra. Le dibuja las cuerdas, y luego agrega al guitarrista. Divertido, dibuja toda la banda, y tanto se entusiasma que pinta sobre el piso un público que vitorea y alguno que no está tan contento.
El diablo se ríe tierno y va a presenciar un robo para acordarse de cómo ser malvado.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Al Joraca

Los rayos del sol atrapados por el smog. La humedad. El aire denso y pesado. Abrazado por el calor, tirado en su cama, solo deseaba que llegara la noche. Sus pensamientos mareados, las gotas de sudor que se limpiaba con su sábana y que unos minutos más tarde volvían a aparecer. Pensaba todo lo que tenía que hacer y sin embargo evitaba moverse, sabiendo que eso significaría desafiar al calor. Su piel pegajosa, su mente confundida. Hacía dos horas que se había duchado y solo podía pensar en cuando lo volvería a hacer. Pero sabía que hasta que la oscuridad de la noche no apañase un poco el sofocante calor, poco sentido tendría bañarse. Que el tiempo pase, que la noche llegué, que ducharse y sentarse en esa plácida oscuridad a leer los libros que lo urgen con su enorme cantidad de páginas, que esa renovación le de un poco de ánimo y vitalidad a su mente. Increíble cómo el clima destruyó su día. Cómo se vio vencido por el aire abrasador. Y no hay ni signos de viento. Buenos Aires debería acostumbrarse a vivir con siestas en verano y casas de barro para aislar mejor, o alguna porquería de material tecnológico o lo que sea. Pero sobre todo aplicar la siesta. Maldito pragmatismo. Quizás mudarse al norte.
Después de caminar un rato, no cansado pero sí dispuesto a descansar, se sentó en el borde del inmenso cráter a disfrutar del paisaje. Se lo imaginó lleno de agua, jugando con la teoría de que había habido agua en Marte. Ese podría haber sido un gran lago, bosques hacía la derecha de donde estaba sentado, hacía la izquierda el gran río que renovaría constantemente el agua del gran estanque. Justo frente a él un valle, un largo e inmenso terreno de pasto azul (siempre creyó que la vegetación de Marte, por los rayos y la composición de las rocas, sería azul), un valle lleno de criaturas físicas afectadas por la vida y la tierra como cualquier animal terrestre, y no como las criaturas físicas afectadas por la vida y la tierra como cualquier animal terrestre, y no como las criaturas físicas afectadas por la vida y la tierra como cualquier animal terrestre, y no como las criaturas.
Cerró el libro, mareado. Extraña historia, postal de Marte, así porque sí, de la nada. Se lo había imaginado con un mate en ese inmenso cráter. Como cuando dos argentinos que están de viaje en Europa se encuentran a comer unos choris. Irse tan lejos para seguir en la misma, tan estúpido, tan lindo.
Santiago, como tantas veces, escribía postales, paisajes. “Pintaba un cuadro con palabras” como él y su enorme ego solían decir. De todos modos no estaba mal. ¿No era él mismo, en ese momento, una postal? Bien podría ese Santiago escribirse algo de su espera de la noche, del calor y la piel viscosa.
De la incomodidad. De leer varias veces un mismo renglón, irritado, avanzando por el texto con sus ojos pero pensando en otra cosa, en el calor, en todo lo que tiene que hacer y que ya no sabe bien qué es, pero que son muchas cosas urgentes. Y su sábana que ya se empieza a humedecer. Pero claro, no tiene sentido transmitir molestias, incomodidades mundanas, seguro que el Santiago piensa que no es “muy poético”, en cambio sus fantasías de Marte.
Una mosca volaba a su alrededor. El ruido lo atacaba, perforaba su oido. Esa vibración constante que se movía por la habitación se paró en su pierna. Él la sintió un segundo, sintió la pequeña picazón y largó un manotazo.
Se le escapó. Volvió a escuchar el sonido. Se rascó donde acababa de estar la mosca y trató de no prestarle atención al sonido, de concentrarse en otra cosa. Pero cuanto más trataba de liberarse, más escuchaba el irritante y veloz aleteo.
Se movió un poco para agarrar la sábana arrugada bajo su cuerpo y se secó la frente.
un valle lleno de criaturas físicas afectadas por la vida y la tierra como cualquier animal terrestre, y no como las criaturas que, él estaba seguro, “habitaban” ahora Marte. Las comillas porque para describirlas el lenguaje terrestre no es el correcto. Él sabía de la “existencia” (de nuevo las limitaciones del lenguaje, y así seguiremos. De todos modos siempre es más fácil y rápido usar las palabras ya existentes (acá sin comillas aun)que ni siquiera cumplen su función correctamente en la tierra)
Típico de Santiago el juego de insultar lo que quiere. Las palabras que no cumplen su función y sin embargo son su medio de expresión, su máxima pasión. Ión, tensión.
El calor ofuscaba su mente, la rima de sus pensamientos lo mareaba aún más.
(acá sin comillas aun)que ni siquiera cumplen su función correctamente en la tierra.)
El jueguito del paréntesis. Que bronca le daba. Seguro se creyó muy inteligente al escribirlo, y él ahí con ese calor infernal.
Él sabía la “existencia” (de nuevo las limitaciones del lenguaje, y así seguiremos. De todos modos siempre es más fácil y rápido usar las palabras ya existentes (acá sin comillas aun)que ni siquiera cumplen su función correctamente en la tierra) de esos seres, entes, marcianos. Condenados a ser en comunidad (pero acostumbrados a eso como los humanos a la “libertad” individual), sin nacer ni morir como los vivos de la tierra, atados a la existencia (ahora sin comillas) de la roca que gira alrededor del sol.
Lo extraño de los individuos, que más que individuos son comunidad (él lo sabe y piensa en eso mientras mira el cráter que quizás fue lago), es que el devenir histórico, el dinamismo de la dimensión temporal es completamente ajeno a ellos. “Saben” del paso del tiempo por lo que le sucede a su roca (por ejemplo, si es verdad que hubo lagos, al desaparecer estos, ellos “saben” que las cosas cambian).
Ya ni siquiera una postal. Una idea sobre seres marcianos que, excusado en las falencias del lenguaje, no atina a describir. Y todo el juego de las comillas y los paréntesis que hace todo más tedioso e insoportable.
Mira la hora. 17:30. Pero el sol sigue como si fuera pleno mediodía y él solo piensa en el final del calvario (y reza para que ese final no sea una cruz porque él no esta dispuesto a beber de ese cáliz, aunque tomar algo no estaría mal).
Sin embargo, decide retrasar el momento del refresco.
Se levanta y empieza a caminar en sentido contrario al cráter. Si no está perdido, en cinco minutos debería llegar al Joraca. De todos modos no tiene apuro ni miedo a perderse. Está feliz de recorrer Marte descalzo, de raspar el suelo y de esa manera estar en contacto con los entes marcianos. Siente que es una manera de relacionarse con ellos.
El vuelo de la mosca. Una simple y constante alteración sobre el aire, tan rápida y sólida que produce ese sonido, ese perfecto trémolo, irritante, terrible para el oído, que transmite su incomodidad al cerebro, que ya no da a basto con tantos reclamos.
Siente que es una manera de relacionarse con ellos. Arrastra suavemente sus pies por el piso antes de levantarlos para avanzar un paso. El contacto con la roca es áspero pero no lo lastima. Una mosca que vuela alrededor empieza a perturbarlo. El calor es agobiante.
De repente se empieza a sentir mejor. El calor deja de apretarlo y su mente empieza a adquirir claridad. Sigue leyendo las últimas líneas del “cuento” mientras camina, sabiendo que lo terminara antes de llegar.
Ya no hay roca marciana bajo sus pies, la temperatura va en aumento y en lugar del plácido silencio de la no-atmósfera, una provocativa vibración empieza a atacar su oído.
Joraca ya aparece en el horizonte. No hace falta levantar la mirada del libro para saberlo, además se está volviendo del todo interesante. Una idea muy cortazariana, pero entretenida al fin.
Los rayos del sol atrapados por el smog. La humedad. El aire denso y pesado. Abrazado por el calor, tirado en su cama, los únicos libros que rodean su cama están llenos de teorías sociales, todas lecturas que debería estar llevando a cabo si no fuera por el calor, el agobiante, terrible, calor.