viernes, 30 de septiembre de 2011
domingo, 25 de septiembre de 2011
Mínimo
domingo, 18 de septiembre de 2011
lunes, 5 de septiembre de 2011
sábado, 3 de septiembre de 2011
Frente al hombre de barba que fuma y sueña
viernes, 2 de septiembre de 2011
Volutas de humo
“Y otra vez, otra vez te vuelvo a encender
Y mientras miro tus volutas de humo
Que envuelven todo mi cuerpo
Te tengo que decir, a mi pesar
Que seguís siendo mi mejor compañero…
Si al menos supiese hacia donde apunta todo este lío que me enreda en pensamientos, miedos y dudas, podría por lo menos fijar mi mente en ese punto lejano y saber que todo va a tener sentido allá. Pero me parece necio vivir por la promesa de un allá, y entonces me veo abandonado a esta incertidumbre flotante que me hace hablarte a vos. Será por la soledad o por la indiferencia de este momento en que es evidente que no soy nada y siento deseos de expresar este vacío que me nace del centro del estómago y me desinfla hasta las yemas de los dedos. Será por lo que sea o tenga que ser; poco me interesa ahora someterme a análisis psicológicos o cuestiones metafísicas para saber porque te hablo. Es solo sostenerte encendido entre mis dedos y ver cómo cae tu ceniza entre las teclas a medida que voy escribiendo.
Me surgen nombres, historias, vivencias, interpretaciones diversas de esas vivencias, filosofías de vida, preguntas existenciales. Ideas o recuerdos que quieren inundarme para pasar a formar parte de estas oraciones. Pero nada logra llenarme ni un poco.
Desde el living una música trae su melancolía y me invita a consolarme en mi soledad y llorar. Pero hoy no es ni siquiera eso.
Sin embargo algo de la música logra acompañarme, al igual que la penumbra de este lugar, que se aparece con tantas enciclopedias que ya no hay lugar para emociones. Este cuarto que fue tantas veces alegría, tristeza y nostalgia; hoy no es nada. Y es mi culpa. Yo vacié todo esto al vaciarme a mí. Y hoy esa es mi verdad. Ahora me importan una mierda las teorías sobre la existencia, la realidad, el saber. Hoy soy solo este sentimiento que es falta de pasión.
Que bueno que te este hablando a vos y no a algún estúpido que piense en lo turbio de estos pensamientos, en las cosas feas, en lo terrible. Que bueno que te tengo encendido entre mis dedos, consumiéndote tranquilo entre pitadas y teclas. Que bueno que lográs expresar toda está nada al consumirte en volutas de humo que flotan alrededor de mi cuerpo (¡con que simpleza se desintegran en cuanto las toca el viento!).
Y creo que esto es un poco lo que soy ahora. Mañana me voy a levantar y voy a volver a encarar la vida. Probablemente pase algo en el bondi, por más nimio que sea, que me saque una risa y empiece a llenarme de buen humor. Quizás con un poco de suerte me pase como tantas veces que llegue a la facultad cantando feliz de estar vivo, feliz de que mi alma baile.
Pero no va a quitar esto, porque hoy entiendo un poco más que soy esta aparente contradicción: este vacío lleno de incertidumbres y esa plenitud a la que le basta que la vida sea vida. Soy el pedazo de historia y de mundo que está ahora en este lugar. Nada menos. Nada más. Soy tanto y tan poco. Soy un niño. No puedo controlar nada de esto. No tengo siquiera dominio sobre mí y por más que me aterre mi pequeñez no puedo más que aceptarla. Soy vulnerable. Soy esto. No puedo dominar mi vida. Pero puedo disfrutarla. Después de todo soy un niño. Todavía puedo jugar, reír, saltar, bailar.

