¿Alguna vez
viste el fuego de cerca? Pero verlo de verdad, y no cualquier fuego. El fuego
de una chimenea en invierno, o de un fogón en el sur. Esos fuegos que son un
poco como aquellos fuegos de miles de años, de tribus sentadas alrededor con
miedo a sus propias sombras, de guanacos cociéndose desparejos, de frío que no
logra desvanecerse en el calor de las llamas. Bueno, hay algo en esos fuegos
que pasa desapercibido: cada vez que una nueva rama cruje y se enciende, miles
de diminutas personitas nacen y bailan en el tronco en llamas.