domingo, 27 de febrero de 2011
Fábula para que me quieras
jueves, 10 de febrero de 2011
Vueltas en colectivo
Mariana sentía en sus rodillas la necesidad de sentarse, de empezar a bajar de a poco la condensación del centro, todo ese smog que hoy parecía haber logrado entrar en su cerebro para mezclarse con sus ideas. Pero el colectivo estaba lleno y parecía que iba a tener que aguantar. Tenía uno de esos días que. Lo que más quería era llegar a su casa, descalzarse y frenar todo con un vaso de coca y un poco de televisión.
Pensaba en Mateo, en los mensajitos que se habían mandado la noche anterior y que tipo gracioso, que bien se estaba con él. ¿Habré hecho bien todos los trámites? Porque creo que también tenía que entregar una fotocopia del DNI con el recibo de la boleta pagada en... ¿en donde? No, no tenía sentido, hice todo, ya está. Sin embargo ayer a la noche creo que en la página de internet en un momento decía algo de terminar el trámite en, pero claro, ahí me llegó el primer mensajito de Mateo. Una estupidez y preguntarme como estaba. Me reí sola y le contesté. Después seguí mirando en internet lo que decía del trámite pero lo importante ya lo sabía y ahora estaba distraída. ¿Pero en ese momento no leí que eran dos fotocopias del DNI? Pero después, distraída, prendí la tele, cambié un par de canales, pero nada me llamaba. Volví a la página, anoté las direcciones a las que iba a tener que ir y me llegó la respuesta de Mateo. Divino. Me ponía contenta. Me sacaba una sonrisa chiquita, así, sola en mi casa y solo mía la sonrisa. Pero linda. Mateo, Mateo...
El tipo que estaba al lado de Mariana se levantó y caminó hacía la parte de atrás del colectivo. Ella, antes de sentarse, miró a su lado. Una señora la interrogaba con los ojos. ¿Se quiere sentar? preguntó Mariana. Gracias, dijo la señora y se acomodó. Sus rodillas y su generosidad se peleaban. De todos modos ya estaba hecho, ya el asiento había sido cedido. En quince minutos llegaría y entrar sería un suspiro para descargar toda esa mochila de preocupaciones.
Pensaba que sería lindo que Mateo la invitase, que tal vez. Aunque por ahí no, a veces parecía que era un poco quedado; como la vez que... Sin embargo, los mensajitos de ayer. Así, de la nada, de repente había pensado en mí y que lindo. Incluso ahora en el colectivo me asomaba esa sonrisa adentro, una sensación como de tenue calidez entre los pulmones, como una inyección de energía. Mateo, Mateo... Pero aquella vez. En el fondo siempre creí que Mateo; o siempre había pensado en él como. Pero lo que me había dicho ayer, tan lindo, así de la nada. O sea, siempre lo pensé como un amigo, muy buen pibe. Aparte a veces sacaba esa sonrisa y esos gestos así, tan de caballero. No voy a negar que nunca había pensado que quizás con él; pero de ese grupo de amigos siempre creí que era más con Nacho. Siempre me había parecido que iba más por ese lado. ¿Nacho? Hace ya un par de semanas que no hablamos, pero en un momento estuve casi segura de que él; no sé que pasó. Siempre traté de decirle con mis gestos, con los ojos; de mostrarle que sí, que le diera para adelante. En el momento en que creo que él se la estaba jugando yo no estaba segura, y bueno. Después seguimos unos días con mensajitos y un día en una fiesta hablar; hablar y risas. Pero de repente de él no me llegó nada más, y yo que podía hacer, porque mandarle un mensajito es desesperada, quizás por Facebook, pero es muy obvio, o no, capaz no significa nada, pero tal vez hacer algo pero ¿que? y dudando pasaron días y al final los días se hicieron una semana, dos, y ya era mucho tiempo, ya no se hablaban hacía mucho. Y aunque verse era saludarse con una sonrisa y preguntarse por la vida, algo de todo se había perdido. Y ahora que todo eso quedaba atrás... los mensajitos de ayer de Mateo, que lindo. En el fondo quizás. Después de todo era un pibe lindo, y tal vez; ayer le había parecido que. Habría que ver. Aunque por ahí. ¿No había que entregar la boleta en otro lado? ¿No se había mentalizado con que había que sacar dos fotocopias de DNI? Basta, basta de todo esto.
Miró por la ventana y ya no faltaba tanto. Unos minutos y llegaría a su casa, más fresca, más tranquila. Seguramente una ducha para sacarse todo eso de encima. Que ganas de llegar. Que Mateo y Nacho salgan por un rato de la cabeza con las fotocopias del DNI y las boletas y que por un tiempito sea una película, una serie. Ya casi. Unos minutitos, un ratito más y listo.
jueves, 3 de febrero de 2011
Quizás
Noto que no estoy tocando ningún piso, ninguna pared, ningún techo. Muevo las manos hacia un lado y empiezo a girar. Siento que floto. Tal vez soy un ente. Un fantasma.
Ahora adelante mío se distinguen formas difusas, colores que se extravían en grises que vienen oscureciéndose hacia donde estoy yo, hasta el negro que me abraza.
Sin saber bien como, quizás como nadando, avanzo hacia esa lejana esperanza, esa luz que para mi significa vida. No oigo nada, no huelo nada. Mis manos y mis pies se contraen y se estiran para impulsarme. Mis ojos me empiezan a arder suavemente. Al menos aún tengo ojos.
Cuando empiezo a notar, feliz, que la luz me permite distinguir mis manos y un piso que no parece tan lejano, siento como si me oprimiesen el pecho. Intento avanzar más rápido pero me encuentro torpe al no tener un lugar concreto sobre el cual impulsarme. La tensión en mi pecho crece; la siento más concretamente en mis pulmones, como si me los estuvieran aplastando. No puedo respirar, no estoy rodeado de aire. Me impulso hacia adelante con más fuerza, busco la luz con la esperanza de conseguir aire pero la presión es muy grande, y yo solo pienso en eso y empiezo a sentir la desesperación que me invade.
De repente entiendo y pateo el piso que está al alcance de mi pie. Mi cabeza llega al calor de una noche de verano y mi nariz al aire, que rápidamente envía a mis pulmones mediante una profunda inhalación.
Miro alrededor: arriba estrellas, más adelante un foco prendido que podría haber apagado. Sé, siempre supe, que estoy en la pileta en el jardín de mi casa, jugando, imaginando historias que quizás un día lleguen al papel.