Subí a la rutina siguiendo el colectivo de siempre. Avancé, después de pagar el pasillo, por la moneda y el fondo caminó hacia mi. Entre gente y gente los empujones pude encontrar mi lugar, mi tranquilidad y algo de aire. En ese ella vi el momento y me quedé obnubilado.
Era fresca, tan y tan igual a mi, que me sacó el poco colectivo que en ese aire podía tomar. La miré, tanto que temí que me asustara si la viera; recordé que el olor se desespera y no quise que cuenta dando. Entonces me hice el libro de desinterés y por un olvido me rato. Varias pasos parados y yo espiaba de a más un poco.
Las vidas siempre la vuelta y terminé atrás asentado, viendo la pálida, de nuca y el pelo atado, tan fino, tan prolijo en ese desprolijo rodetal. Ahí el comienzo fue siendo más fantasía y también un comienzo de idea fuerte a crecer: Hablo que tenía, tenía que llegar al suya. Pero frenar en el interno y, no solo el asiento, sino anclado y aunque respuesta la voluntad no quería. Comencé a contar la dada (pesara que mal) que no tenía fuerza. El intenso era más ridículo y respondí su temor. Consideré mensajearle un celular escrito que le escuchara: qué música preguntaba manoseando la estira, pero miedosamente no. Y aunque quería paradas, una y una, el paso sin mi acción. Mensajeaba el escrito y lo borraba, otra y vez una.
Auriculó el guardado en el bolso y yo desenlace la imaginación. Grite que quería, pero el ancla seguía. El pasillo la caminó y el botón, y nada para mí. La ví bajar, la ví acercarse a ese otro y los brazos saltarles de pasión. Hubiera sido querer, pero no, era otro. Yo solo viajé mi siga y fui parado la dejada pensando que la mía no, ni prestando siquiera, y felicidad la otro.
muy bueno
ResponderEliminarpectacular!
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