Cuentos cortos en español.

miércoles, 18 de agosto de 2010

Miradas, colores y sonrisas

Lucas subió al colectivo, pagó su boleto de 1,50 sabiendo que el viaje costaba al menos 1,75 y se abrió paso entre cuerpos indiferentes, buscando un lugar donde plantar su espera. Usando los codos y con extraños movimientos corporales, girando sobre su cadera y medio en puntas de pie, se abrió paso entre la aglomeración de viajantes y se instaló a ser paciente entre un chico que tenía la mirada clavada en el escote de la chica sentada justo adelante y una vieja medio regordeta que miraba por la ventana como intentando al menos con la mirada escapar de ese calvario de sudor y fricciones indeseadas.
Como todos, estaba cansado. Por ninguna razón en particular; simplemente por la energía de un 60 lleno de gente, por el ruido del motor y los frenos, por las ansías de llegar a cualquier lugar al que se vaya.
Pensaba precisamente en eso, en como la gente se somete voluntariamente a esa terrible espera porque sabe que es un lugar de paso. En como se detienen todos juntos con su malhumor y esperan cada semáforo, aguantan los súbitos bamboleos del coche y la inercia que mueve a todos a su gusto; en la fatalidad de ese momento de transición.
No siempre los viajes en colectivo eran tan nefastos. A veces (sentado o no, pero siempre era mejor sentado) todo era más tranquilo. Simplemente observaba a la gente o hacía algún sudoku. A Lucas le divertía mucho hacer sudokus o mirar gente. No era de los que inventan historias. A veces si, pero en general se limitaba a mirar, curioso, sin después hacer ningún análisis de nada.
Primero paseaba su mirada por los distintos personajes, tratando de apoderarse de su esencia, como si fuera necesario conocerlos de alguna manera para poder compartir un viaje con ellos. Le tomaba unos pocos segundos absorber algún rasgo distintivo de la gente que alcanzaba a ver, y entonces empezaba a recortar los paseos de su mirada a dos o tres personas.
En general ojeaba algún personaje curioso y, si encontraba, alguna chica que le resultara linda.
No entendía bien que ganaba con mirarlas. De hecho estaba casi seguro de que solo por observarlas no iba a robarse ni un poco de su belleza, y era casi obvio que tampoco lograría conquistarlas. Pero había algo placentero en dirigir sus ojos hacía una estética agradable. Se imaginaba que era como mirar un atardecer en el campo de su tía Lucrecia o un amanecer en Mar del Plata, cuando después de salir a bailar iba a la playa y se quedaba una horita mirando como el cielo cambiaba de color y de a poco la luz iba conquistando la tierra.
Debía tener algo de eso, de estética agradable. Quizás por eso la mayoría de las actrices tenían rasgos lindos o, al menos, agradables. Porque al mirarlas los ojos se relajan.
Ese día Lucas estaba observando la gente como de costumbre, cuando su mirada se cruzó con la de una chica parada unos metros más atrás.
Su reacción instantánea fue dirigir sus ojos hacia el piso. Se enderezó y trabó su espalda como tratando de mostrar que incluso su cuerpo flacucho tenía algo de poderoso. Después volvió a mirar a la chica.
Esta vez fue ella quién desvió la mirada. Entonces Lucas la pudo mirar con detenimiento. Pero no la estudió; no miró el color de sus ojos ni la forma de su nariz. No se fijó en sus labios o en el pelo. No descompuso el rostro porque así como le llegaba le parecía increíble.
La contempló tranquilo unos segundos hasta que ella lo miró de reojo y él nuevamente escapó con su mirada y fue a refugiarse al piso. Sin embargo, naturalmente, sus ojos volvieron a buscarla.
Ahí estaba ella mirándolo de lleno a los ojos. Intimidado, Lucas volvió a contemplar sus zapatillas sintiendo vergüenza de algo que no sabía bien qué era.
Después empezó a levantar sus ojos de a poco, y descubrió que ella lo seguía explorando con todo el ímpetu de su mirada. Sin embargo, Lucas no sintió que esos ojos lo atropellaran. Había algo de inocencia en esa contemplación y él dejó que sus ojos se relajaran en ese rostro.
Pensó en que iba y le hablaba, o en que no le decía nada porque ella ya sabía. Intercambiaban celulares, se miraban un rato más y eso les bastaba. No necesitaban un beso para decirse nada porque ya lo sabían todo.
Después él la llamaba y se juntaban en una plaza a la tarde. Unos mates, música y de nuevo esos ojos que lo curioseaban con ternura desde ese sol lleno de vida que era la cara. Una sonrisa que era un arrebato de dulzura, una pincelada de su alma. Una risa tierna, sincera y el brillo que tienen los ojos de los que saben amar.
Compartir tiempo y detenerse en esos momentos sencillos pero capaces de hacerlos volar de felicidad. Miradas, colores, sonrisas. Estar juntos y sentir (no saber) que eso es todo lo que se necesita para vivir feliz: una mirada que te registre, un color que te alegre, una sonrisa que sea alegría por tu color.

De repente ella bajó la mirada y se rompió todo el hechizo. Lucas volvió al colectivo, al calor y a un codazo del chico de al lado que no paraba de moverse. Ella dijo “permiso” dos veces, tocó el timbre, lo miró por última vez como lamentando la historia que no fue y unos segundos después ella caminaba por la calle y él la miraba mientras se alejaba en el colectivo.
Después sus ojos de nuevo a las zapatillas y una nostalgia que fue creciendo. Lucas no quería que terminara ahí, quería que siguiera de alguna manera, que se volvieran a cruzar y se reconocieran, que el destino, que las energías, que el amor.

1 comentario:

  1. Aww santi jaja. Si habrá pasado. Gracioso que no te conozco, resulta que nuestro amigo Juan me dio el honor de escribir alguna que otra cosa para ustedes, pero aun no el de conocer a su amigo santi. Espero coincidir en algun lado asi se "para quien estoy trabajando" jaja. Me inquietó el "era como mirar un atardecer en el campo de su tía Lucrecia" ya que ese es mi nombre y es uno poco usado. ¿De donde se te ocurrió? Me surgio esa curiosidad. Admito que no suelo escribir tan correcto pero el hecho de hacerlo en esta página me intimidó. Agradezco sus cuentos que aunque morbosos, atrapan en mis ratos libres. ¡Saludos! Lucrecia.

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