Cuentos cortos en español.

jueves, 3 de febrero de 2011

Quizás

Oscuridad. Tengo los ojos abiertos pero adelante todo es negro. Miro hacia abajo y ni siquiera logro distinguir mi cuerpo. Quizás ya no haya cuerpo. Quizás ya no tenga ojos para ver. Quizás ya fui todo lo que tenía que ser y ahora que.
Noto que no estoy tocando ningún piso, ninguna pared, ningún techo. Muevo las manos hacia un lado y empiezo a girar. Siento que floto. Tal vez soy un ente. Un fantasma.
Ahora adelante mío se distinguen formas difusas, colores que se extravían en grises que vienen oscureciéndose hacia donde estoy yo, hasta el negro que me abraza.
Sin saber bien como, quizás como nadando, avanzo hacia esa lejana esperanza, esa luz que para mi significa vida. No oigo nada, no huelo nada. Mis manos y mis pies se contraen y se estiran para impulsarme. Mis ojos me empiezan a arder suavemente. Al menos aún tengo ojos.
Cuando empiezo a notar, feliz, que la luz me permite distinguir mis manos y un piso que no parece tan lejano, siento como si me oprimiesen el pecho. Intento avanzar más rápido pero me encuentro torpe al no tener un lugar concreto sobre el cual impulsarme. La tensión en mi pecho crece; la siento más concretamente en mis pulmones, como si me los estuvieran aplastando. No puedo respirar, no estoy rodeado de aire. Me impulso hacia adelante con más fuerza, busco la luz con la esperanza de conseguir aire pero la presión es muy grande, y yo solo pienso en eso y empiezo a sentir la desesperación que me invade.
De repente entiendo y pateo el piso que está al alcance de mi pie. Mi cabeza llega al calor de una noche de verano y mi nariz al aire, que rápidamente envía a mis pulmones mediante una profunda inhalación.
Miro alrededor: arriba estrellas, más adelante un foco prendido que podría haber apagado. Sé, siempre supe, que estoy en la pileta en el jardín de mi casa, jugando, imaginando historias que quizás un día lleguen al papel.

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