Cuentos cortos en español.

sábado, 31 de julio de 2010

Entre nosotros

Lo que pasa es que a veces se ríe y no hay quien lo controle. Se enloquece y deja salir una risa asquerosa, aguda, irritante. Usted entenderá, es de lo peor. Y no hay quien lo frene, cualquier cosa insignificante le parece un poco graciosa y ya está. Y lo peor, usted entenderá, es que yo quedó desprestigiado frente a todos.
Yo que construyo toda una relación seria con la gente, como con usted; yo que logró ganarme el respeto de todos. Yo que me siento prolijamente y hablo claro, concreto, siempre cuando mi intervención es de total relevancia.
Pero él se cree simpático, se cree gracioso, se cree tierno, se cree tan increíblemente “canchero”. Y, usted entenderá mi desagrado, empieza a hablar como una cotorra, “le entra al chamuyo”, como él dice. Empieza a “soltarse” y le vienen los chistes, se siente medio niño y empieza a jugar.
Y ahí empieza a cambiar todo. Es como si el aire se alivianara. Esas primeras palabras que suelto con más libertad, por más boludas que sean, son una puerta a la distensión. Es como abrir una ventana para que entre aire a una atmósfera enviciada de estructuras y convenciones, vos sabés de qué te habló.
No solo me suelto yo (¡y hay que ver como me suelto, carajo! que hay veces que no me controlo y no paro), se empieza a destencionar la gente, la relación es más cómoda, ese momento que pasamos juntos es más agradable, vos me entendés, es lo que todos queremos. Todo se vuelve más ameno y ahí yo agarro la rampa y meto bocados por todos lados, entro desde cada costado, acoto en todas las frases, dejo caer cada idea que aparece, hablo y me río y me muevo libremente; vos sabés, bien copado. Y entonces empieza a aparecer de nuevo él.
Antes no lograba controlarme, pero ahora se acerca sutilmente, me frena de a poco, “me convence” ¡maldita víbora! de que es lo mejor, de que también hay que saber frenar, que podemos estar los dos juntos.
Y ahí empieza a cambiar todo. La escena fluye más pasivamente, el aire se relaja y la relación empieza a andar en un tempo andante. Empiezo a contemplar todo un poco desde afuera, acoto y dejo pasar situaciones, doy lugar… y ese es el momento donde definitivamente vuelvo a tomar el poder, porque él, el yo de la risa a medio hacer, se “enternece” y siempre le cede lugar al otro. En cuanto calma su euforia es como que se retira. Y yo vuelvo al lugar que me corresponde, usted me entiende.

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