Cuentos cortos en español.

domingo, 1 de julio de 2012

Solo Soy



A veces me pongo a pensar en esto de que siento que vibra en mi interior un grito de miles de años. Grito fuerte, intenso, que resuena sin atravesar jamás mi garganta. ¿Es solo mi deseo, solo mi inquietud de hoy la que hace latir dentro de mí al Inca que quiere gritar? Grito gutural. Jamás podría un diccionario abarcar su significado.
Yo prefiero pensar que hay una cultura ancestral que llega hasta mí, a través de los ojos que vieron cordillera, a través del viento que trae tierra y mi sangre que lleva tanto pueblo.
Mi Inca quiere gritar porque siente que lo mataron. Porque arrasaron con sus hermanos sin piedad, porque les quitaron toda dignidad. Porque sabe que también ellos, los Incas, fueron a veces españoles con otros pueblos. Porque sabe que también devastaron tribus. Por eso grita con tanta intensidad. Porque muere y mató; y en ese alarido todo se despide de la vida.
Pero el Inca también tiene vida. Lo sé en mí. Sé que esta dentro mío. Y podrán encontrarle explicaciones psicológicas que serán muy validas, pero acá está el Inca latiendo. Y si late vive.
Mataste y moriste; viviste y vivís.
Todo acá es tan vida y muerte. Tan paz y dolor. Tan violencia y gestos de amor. Es el grito que suena y se entrecruza con una suave canción de cuna. La canción de cuna que le cantaba la madre a ese Inca cuando era solo un bebe, cuando acunado en sus brazos era pura promesa.
Después fue cuchillo en mano para ampliar la frontera hacia donde la cordillera se pone más fría. Y más tarde, cuando ya era un guerrero tan valorado, vino lo otro: los otros hombres a los que hicimos dioses y que nos hicieron perros. El miedo. La incertidumbre. La lucha. La sangre que vuelve tan lejana la canción de cuna. Y después sentir que ya había perdido ese dulce arrullo y solo me quedaba expirar mi historia con ese grito que raspó mi garganta hacia una tierra que se me perdía.
Y ahora vuelvo a nacer. O a conectarme cada vez más con una conciencia que despierta a mí.
Soy esta vida y también aquella muerte. Soy la paz, soy dolor. Solo soy. Contradicciones, humanidad,  tantas idas y vueltas enredadas y complejas como mil ríos que de repente tienen que fluir por el mismo caudal; y tanto lio porque vienen de tanto antes, cada uno tan él en su yo. Soy tu voz. Soy tu yo. Solo soy.
Solo soy una gota de uno de esos ríos en el inmenso caudal; pero por eso mismo soy el caudal.
Me despierto al Inca y el grito vuelve a ser lo que era y siempre fue: melodía que la madre le cantó al niño que se llenaba de vida. Digo tu verdad; vivo tu ilusión. Sueño con el mismo mar y soy parte de tu río. Soy paz que surge del dolor; soy vida que se abre de la muerte; soy canción de cuna que vuelve a nacer al final del grito.
Y ya no soy cuerpo individual porque disuelvo la barrera que me separa del resto del río, que me separa de vos. Mi carne vibra suave y ya no se toca: se escucha. Tan extraño y tan dulce. Soy dolor. Soy la paz. Solo soy.
Solo soy una canción. Siento la transformación, el sutil transmutar de cuerpo a melodía. Solo soy notas que se suceden; una frase tan corta en un tiempo tan inmenso, tan suave en una sinfonía tan intensa. Y sin embargo tan dulce porque es llanto y canto lleno de vida de una madre a su pequeño Inca, a su pequeño niño de ayer y hoy.
Soy mi yo que grita en su soledad; disolviéndome en la armonía de la tenue melodía. El viento me arrastra y soy sonido. Soy la paz. Soy dolor. Solo Soy.

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